Algo «redundante» es una palabra o concepto que se repite excesivamente. Su origen está en redundare compuesto de red- (que marca una repetición continuada) y unda (ola) que ya en latín significa «rebosar el agua», de donde esa idea de algo que sobra por haber sido repetido antes. Nada más redundante, etimológicamente, que el mar dando contra la orilla o el risco. En el español de Canarias hay, como no podía ser de otra manera, multitud de términos peculiares relacionados con el mar, como el propio espacio geográfico, el movimiento del mar, los nombres de peces y otros animales, las herramientas de pesca, etc.; términos de los isleños marineros que se pierden con la propia actividad de la pesca, cada vez más controlada. No es de extrañar, siendo nuestra condición la de habitantes de islas, aislados (a-isla-dos), como diría alguien que echa de menos otras tierras, y rodeados continuamente por una masa ingente de agua, fenómeno que influye en muchos poetas, al parecer, aunque no sé si por conocimiento o extrañamiento (pues no es tan antiguo el tiempo en el que muchos isleños de interior no habían visto el mar -de cerca, se entiende- o no llegaron a nadar hasta muy crecidos).
Los nombres para determinar los movimientos de mar tenían que existir en una época en la que embarcar y desembarcar eran un deporte de riesgo sólo apto para mañosos marineros. El momento adecuado para pasar por un terreno cercano al mar o bajarse era cuando el mar se "acostaba", cosa que en latín decimos jacere, de dónde en las islas le dicen jacío.
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