La 'h' aspirada es un rasgo arcaico del español de Canarias, que se pierde en el español general a partir del s. XVI, coincidente con el siglo posterior a la conquista. Es decir, es un rasgo que nos acompaña casi desde que empezamos a hablar la lengua castellana. No es, por tanto, un vulgarismo, aunque la influencia probablemente de la escuela haya hecho desaparecer este rasgo, que arrastra una connotación peyorativa de incultura; por ello sólo permanece a día de hoy en términos en los que no se percibe como un "error" (términos ajenos a la instrucción o con un significado peculiar) o que son muy expresivos. A continuación escribimos una lista de términos que mantienen este rasgo. Se agradecen comentarios y términos que se consideren con estas características.
Sobreviven en general hediondo (dicho de una persona), hocico (en su uso metafórico de «cara»), y su derivado hocicudo (demasiado entrometido, o con apariencia de enfado, según las islas) halar («de los pelos», «tirar», «arrastrar»), hurón (según PLC), etc. También términos menos conocidos como hallo (la ACL lo escribe jallo, «objeto que arrastra la marea y que generalmente se encuentra en las playas») y hiñera (idem, «jaula para pájaros» o en algunas islas «jaula con trampa para cazar pájaros»).
Pero debían de pronunciarse de manera similar casi todas las palabras provenientes de una f- latina: harina, hiel, herir, hierro, hebra, higo, hilo, hendir, horma, hormiga, huesa, humo, hondo, hongo, horca, hurón, hurto, hosco... En un famoso Aires de Lima de La Palma hay una chanza en la que se saca a colación la "incultura" del otro por el hecho de pronunciar las haches, cantado aquí en el programa Tenderete:
A mucho me atreví yo/ desde que empecé a cantar
con uno de Puntagorda/ que no sabe ni “jablar”
Yo no sé si sé “jablar”, / pero tú que es lo que “jaces”
que dices “jablar con jota/ sin fijarte que es con “jache”.
Por último, se conserva el fonema /f/ en algunos términos conocidos, como el fitónimo faya (español haya) o en el apellido de origen portugués Falcón (esp. halcón), el primero quizá como arcaismo que sobrevive por la contraposición faya/haya, el segundo por el mantenimiento del fonema en el portugués.
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